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LUNES 1 DE DICIEMBRE DE 2014
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El primero te lo regalan…

Alicia sabe de su diabetes desde hace 26 años. Por su cuadro clínico le es indispensable portar una bomba de infusión de insulina. Tiene una, pero su vida útil vence a los cuatro años; en dos semanas. La obra social le entregó el primer aparato. Ahora se lo niega.

Que la Salud está en estado crítico, lo sabemos todos. Que las obras sociales tienen sus cuentas en rojo, también. Pero que la vida de las personas es el valor primero al cual deben subordinarse todos los demás, debería estar fuera de discusión. Y muchas veces queda a un lado. Alicia Mabel Antonelli, de 48 años, puede llevar una vida normal a pesar de la diabetes mellitas del tipo 1 que la acompaña desde los 22, gracias a una bomba para infusión subcutánea continua de insulina. Su diabetes estuvo bajo control hasta 1987 cuando, sin razón aparente – según se detalla en su historia clínica – sufrió un coma hipoglucémico. A partir de ese momento su diabetes se tornó inestable. Ya se trate de insulina de absorción lenta, con efecto a las dos horas, o de efecto rápido, a los 15 minutos, el organismo de Alicia la absorbe al instante. Por esto, debe suministrarse cada hora una cantidad muy pequeña, imposible de dosificarla en forma manual. “Desde que uso la bomba no sufrí intervenciones por descompensaciones en el término de 14 años y puedo desarrollar mi vida lo mejor posible, atender mi trabajo y mi familia en forma normal”, dice Alicia. Pero los 4 años de vida útil de este aparato se terminan en dos semanas. Desde febrero ella viene reclamando a la obra social del personal civil de la Nación (UP) el reemplazo de esta bomba por otra nueva. Pero esta vez, se la niegan. Según la mujer, UP ahora no se la entrega porque la primera vez que lo hizo, le aclaró que era por única vez. Para refutar este argumento, Alicia ofrece una verdad entre manos: “mi enfermedad es incurable”. Defiéndase se comunicó con UP para permitirle hacer su descargo por los reclamos hechos por la mujer. Intentamos hablar con el doctor que desautorizó la bomba y solo pudimos llegar hasta su secretaria, que nos pidió nuestro teléfono para llamarnos. Tres días después, nadie llamó a nuestra redacción.
Los motivos por los cuales la obra social pretende evitar la prestación, parecen entendibles dentro de un contexto económico de crisis como el actual: la bomba cuesta U$S 3900. Pero resultan ilógicos cuando lo que se trata de preservar es la salud de una persona. El endocrinólogo de Antonelli, es tajante en su carta de reclamo enviada el 12 de junio último a la gerencia médica de UP. En ella señala que “con 23 años de experiencia en el uso de infusión continua de insulina por vía subcutánea mediante bombas, estimo que quien deseche el uso del sistema en alguien que lo requiere, tendría que fundamentarlo particularmente tomando como base su destreza en el uso racional de bombas de insulina”. En los Estados Unidos, - concluye el informe – hay 1.600.000 diabéticos tipo 1 tratados con bombas de insulina, con particular indicación en las personas con un cuadro clínico similar al de Antonelli. Alicia prosiguió su incansable reclamo y llegó hasta la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS). En el expediente Nº 34055/02, que debe retirar la mujer la semana próxima, el organismo se expide contra la entrega de la bomba por la obra social. Por correo electrónico, la mujer recibió un adelanto del dictamen por la misma doctora que lo firmó, en el cual le informa sobre la prescindencia del aparato en su caso, aconsejándole estabilizar su glucosa sin la bomba. Para echar luz sobre esta cuestión y comprender la justicia del reclamo, es que nos remitimos a la legislación vigente.

Este artículo fue publicado con anterioridad a Diciembre de 2014 y a esta fecha podría estar desactualizado. Recomendamos que sea utilizado sólo a modo de referencia y que ante cualquier duda, consulte con un profesional.

El primero te lo regalan…

Alicia sabe de su diabetes desde hace 26 años. Por su cuadro clínico le es indispensable portar una bomba de infusión de insulina. Tiene una, pero su vida útil vence a los cuatro años; en dos semanas. La obra social le entregó el primer aparato. Ahora se lo niega.

El primero <celeste>te lo regalan…
Que la Salud está en estado crítico, lo sabemos todos. Que las obras sociales tienen sus cuentas en rojo, también. Pero que la vida de las personas es el valor primero al cual deben subordinarse todos los demás, debería estar fuera de discusión. Y muchas veces queda a un lado. Alicia Mabel Antonelli, de 48 años, puede llevar una vida normal a pesar de la diabetes mellitas del tipo 1 que la acompaña desde los 22, gracias a una bomba para infusión subcutánea continua de insulina. Su diabetes estuvo bajo control hasta 1987 cuando, sin razón aparente – según se detalla en su historia clínica – sufrió un coma hipoglucémico. A partir de ese momento su diabetes se tornó inestable. Ya se trate de insulina de absorción lenta, con efecto a las dos horas, o de efecto rápido, a los 15 minutos, el organismo de Alicia la absorbe al instante. Por esto, debe suministrarse cada hora una cantidad muy pequeña, imposible de dosificarla en forma manual. “Desde que uso la bomba no sufrí intervenciones por descompensaciones en el término de 14 años y puedo desarrollar mi vida lo mejor posible, atender mi trabajo y mi familia en forma normal”, dice Alicia. Pero los 4 años de vida útil de este aparato se terminan en dos semanas. Desde febrero ella viene reclamando a la obra social del personal civil de la Nación (UP) el reemplazo de esta bomba por otra nueva. Pero esta vez, se la niegan. Según la mujer, UP ahora no se la entrega porque la primera vez que lo hizo, le aclaró que era por única vez. Para refutar este argumento, Alicia ofrece una verdad entre manos: “mi enfermedad es incurable”. Defiéndase se comunicó con UP para permitirle hacer su descargo por los reclamos hechos por la mujer. Intentamos hablar con el doctor que desautorizó la bomba y solo pudimos llegar hasta su secretaria, que nos pidió nuestro teléfono para llamarnos. Tres días después, nadie llamó a nuestra redacción.
Los motivos por los cuales la obra social pretende evitar la prestación, parecen entendibles dentro de un contexto económico de crisis como el actual: la bomba cuesta U$S 3900. Pero resultan ilógicos cuando lo que se trata de preservar es la salud de una persona. El endocrinólogo de Antonelli, es tajante en su carta de reclamo enviada el 12 de junio último a la gerencia médica de UP. En ella señala que “con 23 años de experiencia en el uso de infusión continua de insulina por vía subcutánea mediante bombas, estimo que quien deseche el uso del sistema en alguien que lo requiere, tendría que fundamentarlo particularmente tomando como base su destreza en el uso racional de bombas de insulina”. En los Estados Unidos, - concluye el informe – hay 1.600.000 diabéticos tipo 1 tratados con bombas de insulina, con particular indicación en las personas con un cuadro clínico similar al de Antonelli. Alicia prosiguió su incansable reclamo y llegó hasta la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS). En el expediente Nº 34055/02, que debe retirar la mujer la semana próxima, el organismo se expide contra la entrega de la bomba por la obra social. Por correo electrónico, la mujer recibió un adelanto del dictamen por la misma doctora que lo firmó, en el cual le informa sobre la prescindencia del aparato en su caso, aconsejándole estabilizar su glucosa sin la bomba. Para echar luz sobre esta cuestión y comprender la justicia del reclamo, es que nos remitimos a la legislación vigente.

Este artículo fue publicado el día MARTES 2 DE DICIEMBRE DE 2014 y a esta fecha podría estar desactualizado. Recomendamos que sea utilizado sólo a modo de referencia y que ante cualquier duda, consulte con un profesional.